lunes, 23 de noviembre de 2009
Particulares de la comarca y valle de Cárcer1

Por DEMETRIO CUEVES SUÑER

  Entre los grandes movimientos de empuje, vaivén o de criba, hundimientos de las cuencas del Ebro y el Guadalquivir, volcamientos, plegamientos, levantamientos de altas montañas, mesetas o simples protuberancias, erupciones volcánicas, etcétera, que se producían con frecuencia antes de que la corteza de la Tierra se consolidara, empujones provenientes del Atlas africano produjeron los levantamientos penibéticos de Sierra Nevada y cuantos por la costa existen hasta el Jijear en Cofrentes, donde hubo algunos volcanes.

Desde Cofrentes, Canal de Navarrés, Estubeny, Sellent y monte Realeng, hasta las salinas de Manuel, asomaron sobre las aguas, antes que la arenisca amarilla del barranco de la Foia y la caliza del Montot, las vistosas margas marinas del Triásico en ocasiones entremezcladas con el Cretacio, y antes que todas éstas, la pequeña mancha de piedra negra llamada diorita que existe en Quesa, generalmente empleada para el pavimentado de las carreteras, de la que el hombre primitivo, con el pedernal, labraba sus armas y herramientas.

En la Foia de Sellent y Pla de les Creuetes, cerca del Mojón Rojo, que cuando estuvo sumergido debajo de las aguas debió de ser un adecuado remanso para el desarrollo de la fauna marina, abundan los fósiles de moluscos, generalmente de erizos y estrellas dc mar, fáciles de encontrar y desprender de la roca con un simple piolet de montañero escalador o piqueta de albañil.

En los policromados cerros del Triásico, donde las tierras con sus vetas ofrecen vistosos colores combinados de la tierra peraire parecidos a los del arco iris, se encuentra el cuarzo rojo y blanco en láminas y perfectos prismas hexagonales terminados en pirámide por ambos extremos, vulgarmente llamados «campanarets)), y también los jacintos de Compostela de color castaño tornasolado, que algunos vecinos de Anna, donde más abunda, recogían y vendían en Valencia a mediados del siglo pasado, en la que los joyeros, tallándolos y engarzándolos, formaban con ellos preciosos broches y pendientes que hacían las delicias de las mujeres al emplearlos para adornar su indumentaria y resaltar su belleza.

En esta clase de terrenos abundan los yesos blancos, alabastrinos, rojos, amorfos y cristalizados, con alguna capa salitrosa que convierte en salobres las aguas que la cruzan, cual sucede con las que descienden por el barranco del Matet en Bolbaite y Chella y las que afloran en el cauce del río Sellent entre el pueblo de su nombre y Estubeny, de las que en el siglo pasado, algunos vecinos de este pueble, hirviéndolas con calderas sobre el propio terreno, obtenían por evaporación la sal necesaria para condimentar sus alimentos durante todo el año.

Al hundimiento de las costas mediterráneas que produjo la fisura del Estrecho de Gibraltar, ocurrido hace tan sólo cinco y medio millones de años de los 4.600 millones que los geólogos asignan a la edad de la Tierra, resistieron las Baleares, y en nuestra comarcal, el cerro de las Zorras, alargado del castillo de Cullera, de 233 metros de altura; el macizo de Corbera de Alcira; el Mondúber de Jaraco, Simat, Bárig y Barcheta, con sus 861 metros de altura; las sierras de Gabarda, Antella, Colaita Caballón de Tous y Des Aguas.

Las cuatro muelas de Cortes, Martés o meseta del caserío El Oro, Bicorp y Enguera, que tienen al pico Caroche, de 1.125 metros de altura, como centro de su orografía, formadas por planos tablares, respetadas por la erosión de las aguas, son verdaderos cerros testigos de la prolongación hacia Levante y Andalucía de las mesetas de Cuenca, Requena y Albacete, antes de que se produjera el indicado hundimiento.

Igualmente, aunque bajando lo suyo, resistieron los cerros del Realeng, Montot, de 417 metros, y los del oeste de la Canal de Navarrés, que con la Colaita y Caballón de Antella, Tous y Dos Aguas, constituyen el graderío para ascender a las mesetas levantinas, cuyas laderas labró enérgicamente la erosión, convirtiéndolas en accidentes pintorescos, afiligranados de formas típicas y fascinantes que sobrecogen el ánimo al contemplarlas y observar con detalle lo que es capaz de realizar la naturaleza para encauzar a los ríos en estrechos y profundos cauces, cual sucede con el Júcar, que al abandonar la serranía de Cuenca, tuvo que abrirse surco por la planicie hasta el embalse de Alarcón, con capacidad para 1.100 millones, de metros cúbicos, en el que las aguas se remontan por el eje del río hasta 45 kilómetros del muro de contención, a cuyo embalse, tras haber sido impulsadas a bombeo hasta la altura de 280 metros en una distancia de 12'6 kilómetros, pronto llegarán 600 millones de metros cúbicos anuales de aguas procedentes del Tajo, que vertidas al arroyo Canahuet del río Belvis, que desemboca en el embalse de Alarcón, y mezcladas con las del Júcar, se transvasarán a la cuenca del Segura.

Tras el embalse de Alarcón, continúa el Júcar abriéndose surco por la planicie hasta Jalance. En este tramo y punto, en el que la carretera de Casas Ibáñez a Albacete cruza el río a 10 kilómetros del primero, se encuentra el pequeño y pintoresco pueblo de Alcalá del Júcar, situado en ambas orillas y recodo del río, al pie de dos acantilados dc mas de cien metros de altura e imponente zigzag, que con el coche hay que salvar poco menos que en picado. Pueb1o cuyas calles son terrazas escalonadas y casas con habitaciones pegadas al acantilado cual si fueran nidos de golondrinas, a las que en algunos casos se asciende por medio de escaleras de mano,

Desde Jalance, límite del sistema orográfico penibético, describiendo un gran arco, se abrió camino el Júcar hacia Cofrentes, Cortes de Pallás, Dos Aguas, Millares y el desaparecido viejo Tous, para lo que tuvo que cortar muelas, moletas y los muchos cerros que se interponían en su accidentado camino, siempre encajonado en profundas gargantas, y al final de este tramo que pariéramos llamar «Gran Cañón)), de más de 60 kilómetros de longitud, cortar casi a cuchillo, a la altura de Tous, la sierra que unía con las de Navarrés y Quesa, donde actualmente está la ataguía del embalse en construcción, tras el cual y por Sumacárcel, asomar al abierto valle de Cárcer, que plácidamente recorre.

Detalle sumamente pintoresco en este cañón, lo constituye el barranco Borbulla, que teniendo origen en lo más elevado de la muela de Cortes, vierte sus aguas al Júcar sobre un acantilado de 60 metros de altura, formando con ello una vistosa cascada situada a un kilómetro al oeste de la población, cuya corriente en las grandes avenidas del barranco, al proyectar sus aguas contra el acantilado de la orilla opuesta del río, ofrece un maravilloso espectáculo.

En el mismo término de Cortes, sobre dicho cañón, a la izquierda del Júcar, tramo comprendido entre la presa y la central eléctrica de Cortes, frente a su muela y en un recodo del río que en parte le sirvió de foso natural, con paredes inaccesibles de más de 300 metros de altura, se encuentra en estado ruinoso el solitario castillo de Chirel, encumbrado sobre el cerro denominado dcl Cinto, a cuya explanada que recae al acantilado, se llega por empinado sendero.

En e1 impresionante cañón del Júcar y rama de su afluente Cabriel, la Hidroeléctrica Española, 5. A., construyó centrales en los saltos de Vi-llora y Batanejo en el Cabriel, y Tranco, Cortes, Molinar y Millares sobre el Júcar. Para éste, que es el más importante, se tuvo que construir un canal de 32 metros cuadrados de sección, capaz para conducir 50 metros cúbicos de agua por segundo, de 17’OS kilómetros de recorrido, de los que 17 kilómetros se desarrollan en túnel perforado sobre la roca, y el resto en acueducto de 32 metros de luz, consiguiendo con ello un desnivel útil de 140 metros y una producción de 100.000 kilovatios hora.

En la agreste zona que tiene por eje este imponente cañón del Júcar, cuyo aspecto sobrecoge, se refugiaron y defendieron unos 20.000 moriscos valencianos que se resistieron a ser embarcados cuando en 1609 fueron expulsados por el rey don Felipe III, cuyos detalles sobre el particular expuse en mi anterior artículo inserto en el programa del pasado año.

Los ríos Cantaban —que discurre por el valle de Ayora—, el Fraile, Cazuma, Grande, Escalona, varias ramblas y cerca de un centenar de barrancos. tuvieron que labrar con sus aguas sus imponentes y maravillosos cauces en las laderas norte y este dcl Caroche, que, como cuerpo de araña con sus patas multibifurcadas, se levanta parecido al nudo de Albarracín -

El Mínguez y su continuación Sellent hicieron lo propio cortando la muela de Enguera, y por los Cantalares entre Estubeny y Sellent, la soldadura dcl Montot con el Realeng.

El Cañoles tuvo que cortar por la parte sur a la misma muela de Enguera entre Mogente y Va. liada.

El Albaida cortó al Bernisa por el Estret de les Aigües de Genovés.

Todo lo que actualmente es suave playa en continuada curva desde Sagunto hasta Denia, formaba, a raíz de producirse cl hundimiento, profundos óvalos a modo de guirnalda con grandes dentelladas o escotaduras por las que las aguas del mar se adentraban por el Júcar, posiblemente hasta bastante más arriba del viejo Taus. Por el Escalona, hasta las cercanías de Quesa. Por el Sellent, hasta más arriba de Estubeny. Por el cauce del Cañoles, hasta la altura de Alcudia de Crespíns, y por el Albaida, hasta el mencionado Estret de les Aigües.

El cerro del castillo de Cullera fue una isla, y el macizo de Corbera, otra mayor cuyas aguas del mar la rodeaban por la depresión de Tabernes de Valldigna y Portichol de la Barraca, por el que se desarrolla la carretera Alcira-Aguas Vivas-Tabernes.

Nuestro monte Realeng y el cónico de la Ermita de Santa Ana fueron otra isla. Las aguas del mar, penetrando por la depresión del Albaida y remontando por la del Cañoles, se comunicaban con las que, remontando por la del Sellent, desbordaban por la que existe al pie sur del puerto dc Cárcer, determinada por lo que actualmente constituye el barranco, o más bien vaguada, de los Carniceros, entre Rotglá y Llosa de Banes. Aguas que, a su vez, cubriendo toda la huerta de Játiva y de la Costera, convertían al Puig en isla farallón, en la que se encontraron fósiles de dientes de 10 centímetros de largo pertenecientes a una especie de tiburón llamado cacharandón que en la época habitó en estos mares.

Este debió de ser poco más o menos el panorama que en aquellos tiempos ofrecería toda la planicie de la Ribera Alta y los valles a ella convergentes, cubiertos por las aguas del mar, que con sus resacas y arrastres de los ríos fueron rellenando poco a poco tras centenares de millones de años, creando con ello las tierras más fértiles.

Quizá parezca extraño que el mar y las corrientes de los cauces hubieran acarreado hacia sus desembocaduras y planicies la materia que se necesitó para rellenar en importantes espesores la superficie de unos 2.000 kilómetros cuadrados que en nuestra provincia, según mis cálculos a grossomodo, ocupan las tierras llamadas de aluvión. Pero si tenemos en cuenta que el Mediterráneo fue mar, luego desierto seco de sal y arena, y ahora otra vez mar. Que el inmenso desierto del Sahara estuvo cubierto por las aguas del mar, y que el científico Rutherford Plat nos dice2. (<Que los ríos de la Tierra arrastran cada año hacia los océanos 33 kilómetros cúbicos de residuos terrestres)).

Que solamente los arrastres del Amazonas crearon en su desembocadura, entre otras varias islas menores a la del Marrajo, cuya superficie dc 20.000 kilómetros cuadrados supera a la que conjuntamente ocupan las provincias de Valencia y Castellón.

Que otros deltas, como los del Volga, Mekong, Nilo, Orinoco, comprenden superficies todavía mayores, cual sucede con la del Ganges, que empezando a 430 kilómetros del mar, abarca una superficie de 44.000 kilómetros cuadrados, equivalentes a casi el doble de la que comprenden las tres provincias del antiguo reino de Valencia.

Que el triangular delta de nuestro modesto Ebro abarca una extensión de 450 kilómetros cuadrados, equivalentes a bastante más de medio millón de hanegadas, cuyas tierras fueron transportadas por las aguas desde el interior.

Que nuestro Júcar, cuando desembocaba en la Albufera, dejando a su derecha el cerro del castillo de Cullera, rellenó con sus arrastres gran parte de ésta y toda la plana de la Ribera Baja, y que en nuestra comarca fueron millares los barrancos que durante millones de años, y aún actualmente, continúan acarreando materia hacia los ríos, que éstos, en forma apenas apreciable por las generaciones, depositan en las zonas más bajas y en sus estuarios; ya no nos debe extrañar que, tras centenares de millones dc años, se rellenaran las cuencas del Ebro y del Guadalquivir que fueron dos brazos de mar. Que nuestras islas costeras quedaran unidas a la tierra firme de la Península y que los entrantes de nuestros pequeños golfos y bahías se convirtieran en feraces valles.

El antes mencionado cerro de la ermita de Santa Ana, que si tuviera acceso por carretera seria sin duda declarado oficialmente como vista panorámica nacional, debe de ser de origen volcánico, cual se deduce por su forma y las aguas sulfurosas que brotan a su pie por el lado norte. Sus débiles yacimientos carboníferos del sur son producto de los bosques que hace millones de años quedaron sepultados por terremotos, lavas o cenizas petrificadas del volcán. Los cerros, poco porosos, dcl triásico dcl canal de Navarrés, Estubeny y Sellent, al bajar con el hundimiento, debieron de interceptar las corrientes de aguas subterráneas que descienden desde las mesetas esponja de Enguera y Manchega que las alimentan, obligándolas a que afloren por las fuentes del Pino en Navarrés, Abrullador de Chella, Marzo de Enguera y Albufera dc Anna. Esta de 300 metros de longitud de norte a sur y 80 de este a oeste, con profundidad media de un metro, en cuyo fondo brotan muchos manantiales, siendo dos de ellos los más importantes. La fuente Taberneta, de Estubeny, que summnmstra las aguas potables a cuatro pueblos del Valle de Cárcer, debe de ser una derivación de la corriente subterránea o escape de la Albufera de Anna.

Todos estos manantiales situados en la cuenca del Sellent arrojan, aprox., un promedio dc1’S metros cúbicos de agua por segundo.

La misma barrera de margas marinas del triásico hizo que igualmente en el cauce del Cañoles. a unos seis kilómetros de distancia en línea recta de la Albufera de Anna, apareciera el manantial de los Santos, que es el más importante de cuantos existen en la provincia, que con otros menores que brotan en sus cercanías arrojan un caudal, también aproximadamente, de unos 2 metros cúbicos de agua por segundo, con los que, maravillosamente distribuidos,se riegan la Costera del Cañoles y buena parte de la extensa huerta dc Játiva.

La hipótesis de la intercepción de las corrientes subterráneas procedentes de las mencionadas mesetas se fundamenta con el hecho de que por los indicados manantiales y los pozos recientemente perforados en las cercanías de ellos sale más agua que la que en conjunto absorben las tierras de las lluvias que se producen aguas arriba de los manantiales, en las cuencas del Sellent y el Cañoles, en las que están situados, cuya intercepción determina a su vez las zonas secas del Montot y el Realeng, en las que, estando más bajas y siendo lo suficientemente quebradas, apenas si afloran débiles fuentecillas, como las dc Foia, Carbonero, Horteta y Pinar, en Sellent, y Teja, en Sumacárcer.

Del supuesto de que los manantiales de la Albufera de Anna y Santos del Cañoles provienen de una misma corriente subterránea, aparte de que la calidad de las aguas resulta similar, debió de nacer la conocida leyenda del arrojado moro que, metiéndose por una de las profundas simas que existen en la sierra de Enguera, llegó hasta dicha corriente., cuya mayor parte desvió hacia el manantial de los Santos, del que regaba sus tierras.

* * *

Nuestra comarca tiene como testimonios de haber sido habitada por el hombre prehistórico en los restos y objetos que, procedentes del mismo, fueron h aliados en excavaciones arqueológicas, habitáculos que hace más de treinta y cinco mil años ocupó y monumentos que erigió, en los que dejó sus huellas, tales como cl do’men Castellet del Porquet, en Ollería, que atestigua el culto que sentía por sus muertos; cuevas de San Nicolás, también en Ollería; Moseguelles, en el barranco Boquilla, entre Mogente y Vallada; Negra, entre Játiva y Bellús; Maravelles y Parpalió, en Gandía —ésta estudiada hace unos treinta años, por el Prof. Dr. Luis Pericot—; Avellanet, en Catadau; Maravelles, en Llombay; covacho de la Araña, en el Cazuma de Bicorp, cuyas pinturas, si mal no recuerdo, fueron descubiertas en 1920; estación prehistórica en Bolbaite, descubierta por el doctor Juan Vilanova Piera en 1879 en un campo entonces plantado de viñedo, perteneciente a un vecino apellidado Palop.

Nuestro valle, estando ampliamente abierto por e’ noreste, de cuyo Mediterráneo recibe las caricias de sus brisas, tiene su fondo y flancos protegidos por las sierras de Gabarda, Antella, Sumacárcel, Montot y Realeng, que en buena parte atenúan en invierno los efectos calamitosos de los vientos fríos del norte y en toda época los de las tormentas, y por levante, las azuladas montañas del Mondúber, que con el macizo de Corbera purifican la brisa, creando delicioso clima, tranquilo ambiente y magnífico aspecto panorámico de suave y armónico colorido, cubierto por un cielo azul limpio y transparente, con sol radiante que difunde raudales de luz y de vida, en el que a su vez se goza de clima templado, seco en la montaña, intermedio en el declive y húmedo en las vegas más bajas. Todo a corta distancia, para que cada cual, al edificar su casa o estancia

veraniega, elija el paraje que más convenga a sus deseos o necesidades.

El viento es normalmente suave y perfumado. Tibio en invierno, fresco y acariciador en verano. Aguas por doquier, con abundante, variada y sabrosa pesca en sus ríos y grandes acequias del Real del Júcar, que discurren por la izquierda del río, Carcagente, Escalona y la más modesta de Tierras Altas, que se desarrollan por la derecha. Las cuatro escalonadas a diferentes niveles, sensiblemente paralelas, se desarrollan de oeste a este, conduciendo en conjunto unos 50 metros cúbicos de agua por segundo.

Otras antiquísimas acequias que toman las aguas del Sellent, alimentado por la Albufera de Anna, se desarrollan en sentido perpendicular a las anteriores.

De todas ellas, e incluso de importante manantial de pozo, se derivan aguas por gravedad o bombeadas sobre tupida red de brazales, tuberías y pequeños canalillos que, teniendo como centro para su zona alta un circular embalse regulador construido sobre una protuberancia del terreno, saltarinamente discurren por todo el valle, fecundando el tapiz esmeralda de sus huertas y los frondosos naranjales, sin las antiguas plagas de mosquitos que antaño originaban el totalmente extinguido cultivo del arroz, que tanto horrorizaba a nuestro célebre botánico Antonio José Cavanilles.

En el valle ofrecen magnífico panorama el cerco de sus montañas y la masa arbórea del naranjo salpicada de esbeltas palmeras, eucaliptos, pinos, cipreses, con las cintas de sus ríos festoneadas con sauces, chopos y cañaverales, y por doquier variados árboles frutales, flores cultivadas o silvestres con los más finos y vivos colores que, con el laurel, jazmines, madreselvas y demás de sus huertas, el mirto de la Foia, romero, tomillo y otras muchas plantas medicinales de sus montañas y el ubérrimo azahar del naranjo, resultan entre las de sus propias especies de otras zonas las más bellas y aromáticas, haciendo que el valle, en toda época verde, se asemeje en primavera, durante la floración del naranjo, a un paisaje nevado de aspecto fascinador y ambiente aromatizado penetrante que, embriagando los sentidos y siendo un placer para el olfato, embalsama lo más recóndito de los hogares.

Sus variados frutos, frescos y sazonados, ricamente sabrosos, que en abundancia e ininterrumpida sucesión se ofrecen, perduran en toda época, ofreciendo simultáneamente el naranjo, como ningún otro árbol, el policromado conjunto del fuerte verde esmeralda de sus hojas, amalgamado con el rojo oro de sus jugosas naranjas deliciosamente aciazucaradas y el blanco purísimo del azahar, del que millares de colonias de laboriosas abejas extraen, para nuestro regalo, la más rica y aromática de las mieles.

Sus avecillas, en profusión de vivos colores y múltiples especies, con su revoloteo y algarabía de sus cantos, acompañados del sonsonete mañanero de las abubillas, armonizan alegres despertadas, mientras los pardos ruiseñores,- tan abundantes en el valle, saltando graciosamente entre las ramas de los árboles o posados con arrogancia en las más altas, como reyes y señores de las aves canoras. Vigilando desde su elevado pedestal los nidos que amorosamente tejieron en las inmediatas enramadas, lanzan al espacio, día y noche, sin dar descanso a sus privilegiadas gargantas, en armónico monólogo o animado diálogo replicante entre sus congéneres,

los trinos, gorjeos, arpegios, melodías y demás resonancias que pueda emitir la mejor orquesta ante la más perfecta y bella composición musical.

Sus gentes son sencillas, afables, laboriosas y hospitalarias, siempre deseosas de servir al prójimo, las que con su propio esfuerzo físico y económico, sustituyendo los cultivos poco productivos en las tierras de secano por otros de regadío, creando con ello riqueza y abundante mano de obra, transformaron el risco y seco erial en frondoso y poético vergel.

* * *

Las anteriores pinceladas, trazadas en consonancia con lo que al respecto expusieron eminentes científicos, historiadores, cronistas y modestas observaciones personales, realizadas sobre textos, mapas, p’anos y el propio terreno, debió de ser el elemental proceso que dio origen a nuestra comarca y valle y su transfiguración a través del tiempo, acontecimientos geológicos, erosión causada por los elementos y obra realizada por la mano del hombre, que siendo, en nuestro caso, importante, resulta insignificante ante la que realizó la Naturaleza.

Todo ello digno de ser descrito y cantado por los más inspirados prosistas y poetas y no por mi torpe pluma, sin base literaria ni otros títulos para el caso que los de mi naturaleza, vulgar aficionado a observar las cosas en directo y entusiasta enamorado de nuestro valle y comarca.

Con tales títulos, experiencia de mi ancianidad y disculpa ante quienes tuvieran la paciencia de leer estas pobres y demasiado extensas pinceladas, me permito recomendar a mis connaturales, vinculados y arraigados en el valle, que, guiados por los que consideren mejor informados, realicen las posibles excursiones comarcales, puesto que es preferible ver las cosas con los ojos y de cerca a que nos las cuenten al oído.

1 En parte escogidas, corregidas y aumentadas de las disertaciones recopiladas divulgadoras de cultura popular pronunciadas en 1952.

Cárcer. La Pedrera. Depósito de agua para riego del valle

2 ((A la descubierta del mundo submarino», artículo inserto en la revista Selecciones del Reader’s Digest, mayo de1971, pág, 169.


Tags: geofisicas, historicas, comarca, valle càrcer, demetrio cueves

Publicado por elnickblabla @ 15:31
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios