martes, 03 de noviembre de 2009

CARZRE, como pronunciaban los antiguos valencianos, se halla emplazado en el centro del valle del que tomó su nombre. Este valle fue conocido con los nombres de Broto y de las Flores.

El sabio botánico Cavanilles lo denominó por su ubérrima producción, Vall-Farta, y Madoz, allá por el año 1846, le llamó valle de la Muerte. Estas denominaciones respondían a un auténtico sentido de la realidad. Antes de que se introdujera en él el cultivo del arroz era hermoso, sano, fresco alegre y apacible, convidando a disfrutar de una vida plácida y tranquila, pues, según afirmó el Excmo. Sr. General D. Augusto Príncipe ante la asamblea general celebrada en Cárcer el 29 de enero de 1933, la belleza de sus naranjales superaba la de cualquiera de los existentes en California.

Pero con la introducción del cultivo del arroz el hermoso valle se convirtió en un lugar pestilente, sepulcro de sus propios moradores, que , en su mayor parte , encontraban prematura muerte debido a las epidemias de paludismo, propagadas por las plagas de mosquitos nacidos de los encharcamientos que exigían los arrozales.

Según el padre Lerchundi, destacado arabista m9sionero en Tánger, Carzre significa en árabe sitio de reposo, quietud y tranquilidad. Sin embargo, el nombre es, al parecer, latino y deriva de la situación geográfica del valle, semejante a la de una cárcel, cuyos muros están constituidos, en este caso por las sierras de Gabarda y Antella, Montot y Realeng, que lo rodean por los lados norte, oeste y sur; la puerta de entrada queda al este, en el espacio existente entre el espolón de la sierra de Gavarda y el del Castellet de Señera.

Cárcer debió de nacer a raíz de la ocupación del valle por los árabes, allá por los años 713 ó 714. Así parecen indicarlo los restos encontrados, tales como vasijas aparecidas a comienzos de este siglo en la era de trilla que fue de Evaristo Pla, cerca del Molino de Cotes; o las sepulturas halladas en un campo inmediato, propiedad de Máximo Daríes, así como las que aparecieron en el ángulo oeste de la intersección que forman las carreteras de Sumacárcer y Cotes. Pruebas de este aserto constituyen también : la desaparecida iglesia, que antes fue mezquita; las fábricas de cerámica y azulejos; el no haberse encontrado , hasta ahora, restos de utensilios o habitaciones de épocas anteriores a los musulmanes; y, por último, los nombres de algunas partidas, como la del Ravalet, derivada de la palabra árabe rahal, que significa arrabal, y la del Socá, corrupción de Xocá, nombre de un poblado, desaparecido que hace tiempo que se hallaba situado en dicha partida.

El emplazamiento de la población antigua fue muy extenso y, en gran parte, bastante distinto al que ocupa en la actualidad. Probablemente se acoplaría a la dirección de sus acequias, ya que sus constructores, los moros, solían disponer junto a ellas los huertos o jardines de sus casas; bien conocida es su afición a disfrutar del frescor de esos huertos, generosamente regados y embellecidos, cuando ere posible, con fuentes y surtidores.

De este modo el eje principal del pueblo lo constituiría la tortuosa acequia del Racó, bifurcándose a lo largo de la del Xocá y continuando por la de la Señoría; ocuparía, pues, gran parte de esta partida y toda la del Ravalet, hasta la acequia de Benegida, frente a Cotes.

Nominalmente al menos, el primer señor de Cárcer fue don Pedro Fernández, señor de Albarracín y de Azagra, a quien el rey don Jaime lo concedió en 5 de agosto de 1237, es decir, cinco años antes de la reconquista del valle y mientras el soberano se hallaba sitiando por segunda vez la ciudad de Valencia. Es posible que esta donación fuese revocada, o que don Pedro Fernández no tomase posesión del pueblo, puesto que en 1242 Jaime I vuelve a conceder la alquería llamada Cárcer, con sus pertenencias - excepto molinos y hornos -, a Gonzalbo Juan Domínguez, a Sebastián, consobrino de Martín de Sicilia y a otros

cuarenta y siete pobladores. En el mismo año el rey hizo donación de tierras del valle a otras veinte personas (1).

Escolano (2) habla de Cárcer en los siguientes términos: "ras de Sumacárcer se recuesta sobre la ribera del Júcar el lugar de Cárcer o Carzre, como pronunciaban los primeros valencianos de la conquista. Sus casas, cerca de doscientas de moriscos y a nivel labradas, que con las acequias y todas ellas y sus calles tan curiosamente de agua clara que cruzan por ellas y los muchos parrales que en forma de soportales cubren las puertas de las casas, hacen el lugar uno de los apacibles y graciosos del reino. Hállanse en él muchas oficinas de escogidos vasos de barro que proveen a toda la comarca; y si bien el dicho rey Alfonso el quinto hizo merced, andando en la conquista de Nápoles, a mosén Eslava, señor de Carlegio, dado en Capua, a dos de julio de mil cuatrocientos treinta y siete, hoy vemos que pertenece a la ciudad de Játiva, y que por esta parte es el primero de su contribución. Consiste la mayor riqueza de sus moradores en las ricas cosechas de seda, arroz y aceita, que las tienen con prodigalidad de aquel fértil terreno."

Y Martín de Viciana, en su Crónica de Valencia, escrita en el año 1563, dice: "La baronía de Cárcer recae en la famosa ribera del río Júcar, donde su señor tiene una suntuosa y hermosa casa, con doscientas de hermosos vasallos ricos; el pueblo es muy hermoso de calles y casas y frescura de acequias y parrales; el término es fructífero, donde se coge pan aceite, arroz y seda. Hay en el pueblo cuarenta oficinas de vasos de tierra para provisión y servicio de toda la comarca. De este trato y de sus heredamientos y mercancías resulta riqueza en los vasallos y renta en el señor, de la cual baronía recibe en cada año más de 2.000 ducados."

Otros antecedentes dejan entrever la existencia, en tiempos remotos, de una calle en la que habitan cien doncellas simbolizadas en las cien parras que la sombreaban y adornaban. Esta gran calle de las cien parras debía de ocupar los terrenos que hoy forman las partidas de la Señoría y Ravalet. Su trazado fue seguramente bastante irregular, con trayectos rectos y otros formados por curvas más o menos cerradas. A lo largo de toda ella debieron de discurrir, a cielo abierto, las acequias del Racó y de la Señoría, que, como es característico en los poblados árabes, formarían una especie de canal de circunvalación destinado al riego y a los desagües. Años después, desaparecerían las parras, la hermosa calle se llamó del Olivo a causa del que creció en ella,.

Fray Eximenis, sabio valenciano políglota, jurista e historiador, que vivió a fines del siglo XIV, en su Regiment de la cosa pública, pequeño tratado escrito en 1383 y dedicado a los Jurados de Valencia, enumera las treinta y dos cosas que pueden destacarse, por su belleza, en nuestro reino, y al llegar a la vigésima séptima -"la vint e setena" en el valenciano de entonces- dice que aquí se hacían cosas artificiales que daban gran fama a la tierra, cuyas cosas fuertes, pulidas y bellas no se encontraban comúnmente en otros lugares, y que dicha obra comuna de tierra se hacía en Paterna y en Cárcer, tales como jarros, cántaros, vasos, tazas, candiles, barreños, ladrillos, tejas y otras muchas cosas.

En la magnífica colección de cerámica cedida al Estado por don Manuel González Martí, expuesta en la joya arquitectónica que constituye el palacio de Dos Aguas en Valencia, pueden admirarse dos excelentes azulejos que dicho señor encontró en Cárcer al realizar unas excavaciones en busca de cerámica. También a mi me cabe la suerte de poseer alguno de estos azulejos, aunque bastante deteriorados, y cuyos diseños, maravillosos en su sencillez, merecerían ser publicados. En la plaza en la que hoy se celebra el mercado, lugar de emplazamiento de una de las cuarenta fábricas de cerámica que hubo en el pueblo, aparecieron, no hace mucho, abundantes restos, rotos, deformados o con defecto, de la cerámica que en ella se elaboraba.

Según el historiador Diago, documentos anteriores a 1384 acreditan la existencia de estas fábricas en Cárcer y hasta citan algunos nombres de ceramistas que vivieron entre los años 1317 y 1326. Pero así como las fábricas de cerámica de Paterna fueron absorbidas por las creadas en el vecino pueblo de Manises, las de

Cárcer desaparecieron con la despoblación ocasionada por las frecuentes epidemias, especialmente las de paludismo, secuela del cultivo del arroz; despoblación terriblemente agravada por la expulsión de los moriscos, quien al marchar se llevaron consigo el arte de la fabricación, ya que los cristianos que quedaron, por falta de manos o de técnicos, se sintieron incapaces de mantener estas industrias.

Que Cárcer fue rico e importante lo atestigua también el hecho de que al fijar el rey don Jaime el Conquistador la primera contribución que impuso a los moros después de la Reconquista, en 24 de septiembre de 1257, exigiese a los de Cárcer y Sumacárcer - puesto que esta población dependía de la primera- el pago de cien besantes (3), cantidad igual a la que exigía a los moros de Alcira, y mitad de la que solicitó de los de Valencia, cuya contribución fijó en 200 besantes.

Bien es verdad que cuando el recaudador del rey (4) llegó al valle para cobrar tal contribución, los de Cárcer entregaron solo cincuenta besantes; pero lo cierto es que para el rey Conquistador Cárcer con Sumacárcer (5) valían, es decir, podían pagar tanto como Alcira y la mitad que Valencia. En esta primera contribución impuesta por el rey don Jaime al reino de Valencia, figuran sólo veintiséis pueblos, siendo de suponer que serían los más importantes, y entre todos los del valle únicamente Cárcer aparece en la relación.

Mucho más podría decirse de la belleza y tranquilidad del valle, en el que debía de abundar la caza, como lo prueba una provisión de 1526 existente en el Archivo Municipal de Játiva, citada por Sarthou Carreres (6), en la que se dispone que vayan cazadores al valle de Cárcer a cazar francolíns (7) para el duque de Calabria.

También podría escribirse mucho más sobre la importancia que nuestra población tuvo en épocas pasadas, sobre las vicisitudes de su historia y sobre la riqueza y hermosura de su valle, pero no es posible hacerlo sin rebasar los estrechos límites de que disponemos.

Queden, pués, estas líneas como modesta aportación al conocimiento de nuestra historia; su fin no es otro que prestar la pequeña colaboración solicitada, con el deseo de que pueda contribuir, aunque sea en la medida de un granito de arena, al esplendor de las fiestas patronales.

(1)Próspero Bofarull, Documentos inéditos de la Corona de Aragón, t. XI; Repartimiento de Valencia, Donaciones en Cárcer, año 1242.

(2)Gaspar Escolano, Historia General de Valencia, tII, cap. X, págs, 466-67.

(3)Equivalentes a unas mil pesetas oro.

(4)Fue Pedro García, portero real.

(5)Aquí apareció siempre en los documentos, hasta que Abraham Ortellio, quien en su mapa escribió equivocadamente los nombres de muchas poblaciones, consignó Sumacárcel, en vez de Sumacárcer, y este error ha perdurado hasta nuestros días.

(6)Carlos Sarthou Carreres, El castillo de Játiva y sus históricos prisioneros, pág. 66

(7)El francolí era una especie de perdiz, extinguida actualmente en Europa.


Tags: Demetrio Cueves, Referencias Historicas, Carcer, Carzre, Vall, Valle

Publicado por elnickblabla @ 1:15
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