Al buscar los orígenes del culto cristiano en la población de Cárcer y los lugares en donde se celebraba, nos encontramos sin noticia alguna anterior a la dominación musulmana.
El pueblo musulmán, profundamente religioso, edificó su mezquita en los solares ocupados hoy por la casa número 2 de la calle del Maestro Sanchís, y los números 1,3, y 5 de la calle del General Sanjurjo. El lugar tenía la ventaja de hallarse flanqueado por una acequia, de modo que los devotos podían llevar a cabo sus abluciones purificadoras antes de penetrar en el santuario, cuando el almuédano, desde su alminar o torre de la mezquita convocaba a la oración.
Con la reconquista del lugar por los cristianos -probablemente hacia 1242-, la mezquita fue convertida en iglesia, a ejemplo de lo ocurrido en Valencia y otras poblaciones reconquistadas con anterioridad. Con arreglo a una costumbre que se mantuvo en vigor hasta el pasado siglo, al lado de la iglesia se estableció el cementerio cristiano, el cual se hallaba al SO. De la misma, ocupando el ángulo formado por la acequia y su derramador; para llegar hasta él había que cruzar un puentecillo situado junto a lo que fue después abrevadero.
El sabio historiador valenciano don José Sanchis Rivera, en su nomenclator geográfico-eclesiástico de los pueblos de la diócesis de Valencia, dice que en el siglo XIV Cárcer pertenecía a la demarcación eclesiástica de Tous, de la que se separó en 1375. De Cárcer dependieron, a su vez, Cotes, Antella y Sumacárcer, que en 1535 (1) se convirtieron en parroquias independientes.
Pocos son los datos que nos han llegado respecto a las características del primer templo de Cárcer. Según el citado autor, la iglesia poseyó un retablo pintado por Martín Torner con arreglo a lo estipulado en contrato que se firmó el 4 de septiembre de 1492.
Pero la población iba creciendo de forma que un siglo después, en tiempos del arzobispo San Juan de Ribera (2), poseía ya 150 casas de cristianos, por lo que el primitivo templo resultaba ya totalmente insuficiente. Se dispuso, pues, la construcción de una iglesia más amplia, pero pasaron otros cien años sin que fuese comenzada la edificación, hasta que el día de Jueves Santo de 1708 el fuego de una de las velas del Monumento se extendió, provocando el incendio de la primitiva mezquita convertida en iglesia. Afortunadamente, pudo ser salvada, gracias al arrojo de sus devotos, la antigua imagen de la Virgen de Gracia, y con ella el culto fue trasladado a otro lugar, pero parece lógico pensar que debió ser el palacio señorial.
Cárcer se había convertido poco a poco en el centro espiritual de la comarca, ya que, a pesar de no poseer un verdadero templo, el 12 de agosto de 1727 - diecinueve años después de haberse incendiado el antiguo y cinco antes de que fuera bendecida y colocada la primera piedra del nuevo - el papa Benedicto XIII concedió indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a los fieles cristianos que, habiendo confesado y comulgado, visitasen la iglesia de Cárcer en la fiesta de Natividad de la Virgen y rogasen por la paz eterna. El privilegio se concedía por siete años a partir del día de la fiesta de 1728.
El cementerio inmediato a la primitiva iglesia no corrió mejor suerte que ésta. Aunque el incendio no le afectó y siguió utilizándose, el terrible desbordamiento que experimentó el río Sellent el 26 de septiembre de 1766 derribó sus paredes, por lo cual hubo de ser habilitado para camposanto el solar que quedó rodeado por los muros de la destruida iglesia. Estos muros no tardaron en venirse abajo por la acción combinada del tiempo y del agua, de modo que, a instancias de don Joseph Boscá, párroco del pueblo, el provisor don Fernando Gil de la Cuesta decretó su clausura. Reconstruido el cementerio, fueron exhumados y trasladados a él -a expensas de la iglesia- los cadáveres enterrados en el solar, se acabaron de derribar las paredes y una vez allanado y preparado dispuso el párroco que a sus expensas fuese plantado de moreras, cuyo producto destinó a satisfacer las necesidades más urgentes de la iglesia.
El actual templo, que yo mismo he conocido completamente aislado antes de que se construyeran las casas número 3 de la calle de Doña Maravilla Pascual y número 2 de la calle de la Iglesia, así como la Casa Consistorial adosadas a él, fue comenzado en el siglo XVIII; y al hablar de su construcción, casi todos los historiadores del Reino de Valencia incurren en error, tanto en lo que se refiere al comienzo de las obras como a la solidez de su arquitectura. Así, Madoz (3) decía en 1846 que la iglesia parroquial de Cárcer, a pesar de ser moderna, se hallaba en estado ruinoso. El mismo Sanchis Sivera (4), historiador veraz y escrupuloso, se equivoca al fijar la construcción de la iglesia entre los años 1710 y 1720, puesto que en este último año faltaban aún doce para que se colocara la primera piedra, dieciséis para que se celebrara la primera misa y setenta y cinco para que la obra se considerase terminada.
Estas fechas están claramente indicadas en la fuente documental más importante de las relativas a la iglesia que ha podido llegar hasta nosotros. Se trata del libro "Censos y fábricas", conservado en el archivo parroquial, en el que los párrocos iban consignando los acontecimientos a medida en que se iban sucediendo. Y consta en este libro que el 6 de julio de 1732 - veinticuatro años después de haberse incendiado la primitiva iglesia -, Miguel Cueves, Agustín Sangüenga, Antonio Abad y José Mollá, todos vecinos de Cárcer, junto con el regidor en funciones, fueron encargados de cobrar en los años sucesivos las tachas (tasas) o derramas que habían de fijarse con destino a la construcción del nuevo templo. Costa también en el libro que el 21 de noviembre de dicho año 1732 la primera piedra fue bendecida y colocada por don Jaime Flamantes, rector de la parroquia, quien cuatro años después, el 3 de julio de 1736, bendijo el templo, trasladó al Santísimo Sacramento y celebró la primera misa.
La construcción de hallaba, no obstante, inacabada, pues en los años siguientes figuran anotadas diversas partidas de gastos por este concepto. Así, el 6 de enero de 1739 se pagaron ciertas cantidades al maestro albañil Joseph Piñol, que tuvo como oficiales a Joseph Ximeno y a Joseph Mollá. En 30 de julio del año siguiente, se entregaron a Bartolomé Carpi una libra y dos sueldos (5) en pago de las 150 tejas que proporcionó para el tejado del campanario. Y en 1749 se pagaron 5 libras y 4 sueldos por 870 ladrillos para la barandilla del mismo, y otros 5 pesos y 12 sueldos (6) por 4 bolas, 4 agujas y 4 chorros que se trajeron de Alcira.
La torre, a excepción del tejadillo que la cubría, debió tener entonces un aspecto semejante al que presentaba hace poco, tras el derrumbamiento - a causa de una chispa eléctrica - del templete octogonal, rematado por una pirámide con su veleta, que fue construido mucho después.
La última partida de gastos de construcción es de 1795: 80 libras que, "para terminar su fábrica" se pagaron a expensas de Joseph Abad, Joaquín Carbonell y el rector, don Joseph Boscá.Iglesia y torre se hallaban en lo esencial terminadas, con sólo una pequeña o ninguna campana, por lo que en 1809 se adquirió al fiado, por 450 libras, la que fue fundida por José Roses, de Chella, y bautizada con el nombre de María de la Asunción, advocación del templo.
En 1794, costeado por el Ayuntamiento y los mencionados rector y Joseph Abad y Joaquín Carbonell, se colocó el reloj que señala para el pueblo el paso del tiempo.
Desde el punto de vista arquitectónico, el templo, de estilo barroco tardío, no ofrece gran interés en su exterior ni en su interior. Pero a pesar de que Sarthou Carreres y Martinez Aloy (7) afirmaron que su fábrica era mala, resultó bastante sólida para resistir los terremotos del 23 de marzo y 2 de abril de 1748, los cuales, a más de derribar doce casas, ocasionaron daños considerables en el palacio señorial. La iglesia, en cambio, solo sufrió algo en su bóveda y en la escalera de la torre, pero los desperfectos debieron ser pequeños, por cuanto la única partida que aparece en el libro de la fábrica en concepto de reparaciones es de una libra, que se pagó por el remiendo realizado en la escalera del campanario para reparar los desperfectos ocasionados por los terremotos.
En cuanto al interior del templo, poseemos algunos datos sobre la construcción de los altares laterales, pero no nos ha llegado noticia alguna relativa al altar y retablo mayor, que debió ser el primero en construirse, por lo que nos inclinamos a suponer que se haría a expensas del señor territorial de Cárcer, cuyo escudo heráldico remataba el cuerpo superior del retablo.
Los retablos laterales fueron construidos por el orden siguiente:
El de la Virgen de Gracia, en enero de 1752, por Antonio Modalí, de la ciudad de Xátiva; costó 47 libras, 17 sueldos y 7 dineros.
El del Santísimo Cristo de la Agonía, que estuvo en la capilla que enfrenta con la de la Virgen de Gracia, en julio del mismo año, y costó 40 y ½ libras, incluyendo una libra que importó el traerlo desde San Felipe (Játiva). La imagen fue trasladada al que se construyó en 1912 sobre lo que hasta entonces había sido sacristía.
Los de San Vicente Ferrer y Virgen del Rosario, que correspondían a las dos primeras capillas entrando a la derecha, en septiembre de 1765, por el escultor de Simat Joaquín Verdú; costaron 62 libras y 10 sueldos cada uno, incluidas las tres pinturas que tenían en los intercolumnios y remate. Las del primero representaban a San Luís Beltrán, San Blas, obispo, y San Francisco de Paula; y las del segundo, a Santo Tomás de Aquino, Santa Catalina de la Siena y Santo Domingo de Guzmán.
Al no existir referencias sobre los demás altares y retablos, se supone que éstos fueron construidos a expensas de particulares.
No han llegado hasta nosotros los nombres de los artistas -escultores, pintores o tallistas - que realizaron los otros retablos, imágenes y cuadros que adornaban la iglesia y que por su excelente calidad pudieran ser obra de alguno de los famosos artistas valencianos de la época, como los Vergara, Camarón o la prolífica dinastía de los Esteve.
Pero el valor artístico de los retablos e imágenes no les libró de ser quemados en julio de 1936.
En cuanto a la Virgen de Gracia, su antigua imagen fue muy venerada, no solo por los vecinos de Cárcer, sino en toda la comarca. Esta devoción se manifestó en algunas ocasiones en forma de limosna que se ofrecían en agradecimiento a los favores concedidos por la Virgen a quienes se encomendaban a ella. Entre estas limosnas destaca por su originalidad la de Vicente Navarro, vecino de Alcántara, quien en junio de 1730 ofreció un aca (caballo), la cual fue vendida a voz de pregonero y su importe - 10 libras y 1 sueldo - destinado , por voluntad del donante, a comprar adornos para la imagen.
Otro detalle muy curioso es el de que siendo muy grande la pobreza de los vecinos en la época que se construyó el retablo del altar de la mencionada Virgen, hubo necesidad para ello de vender en pública subasta joyas que pertenecían al tesoro de la misma, de las que, según detalle obrante al folio 24 v. Del citado libro, se obtuvieron 29 libras, 19 sueldos y 7 dineros. La referencia sobre el particular es la siguiente:joyas subastadas y precio obtenido Un relicario de plata fina, 12 sueldosUn anillo de oro con siete piedras, 1 libra y 16 sueldosDos relicarios de filigrana, 1 libra y 12 sueldosUn anillo de oro con siete diamantes donado por joseph Cucaló, 6 librasUna aguja de plata, 10 sueldosUn rodamente, 1 libra y 10 sueldosUna joya que cayó en suerte a Joseph Alapont, de Antella que se componía por:Unos pendientes de oro de a tres con alacranes de alambreUna cruz de plata cpn vidrios, con una imagen de San Vicente Ferrer, más un real de a 8 que dio Tomasa Torres, madre de dicho Joseph, 8 libras, 6 sueldos y 7 dinerosUn anillo de plata sobredorada con cinco piedras, 1 libraUn pedacito de coral, 6 sueldosUn llavero que pesaba 3 y ½, a 18 la onza, 6 libras y 3 sueldosUn Santo Cristo de plata sobredorada con perlitas 1 libraNo quedó por ello la virgen desprovista de joyas, puesto que según relación formulada veintidós años antes, en julio de 1730, por el párroco doctor don Miguel Serrano, a presencia de la señora de Cárcer y de Francisca Sanchis, viuda de Ripoll, tenía en dicha fecha las siguientes:
| Relicarios de plata grandes | 25 |
| Relicarios de plata pequeños | 14 |
| Luceros | 7 |
| Corneta | 1 |
| Campanita | 1 |
Todo ello de plata y tres pares de pendientes.
De ordinario, la Virgen llevaba en su adorno unas arracadas de oro con perlas finas, una cruz de plata con el Espíritu Santo y doce anillos.
Dentro del palacio señorial, en la planta baja y lado de este, subsiste, desmantelado y transformado, lo que fue un bonito ermitorio, construido por el señor territorial de Cárcer, don Vicente Cucaló. Fue bendecido el día 4 de mayo de 1759 por el párroco don Francisco Minguez, quien después de la bendición, asistido por diácono, cantó en el mismo solemne misa mayor.Todo lo anteriormente expuesto, redactado con mejor voluntad que suficiencia, cual suele suceder con los que somos modestos aficionados a estas cuestiones, es lo que, correspondiendo en la escasa medida de mis posibilidades a la colaboración que se me ha pedido, puedo ofrecer en esta ocasión a mis paisanos de Cárcer con motivo de la próxima celebración de sus fiestas patronales, que deseo pasen todos felizmente. (1) Siete de mayo, según concreta Viñals en Atlante Español.(2) 1569-1611.(3) Diccionario geográfico - estadístico histórico de España.(4) Obra antes citada. (5) La libra era una moneda imaginaria equiparada al valor de 3'75 ptas. Que se dividía en 20 sueldos y éste en 12 dineros.(6) El peso representaba el valor de unas 5 ptas. (7) Geografía del Reino de Valencia. * nota: artículo publicado en el libro de fiestas, año 1968
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