CERÁMICA MEDIEVAL VALENCIANA
Recientes hallazgos en Càrcer
Por MANUEL GONZÁLEZ MARTÍ
Director del Museo Nacional de Cerámica
CUENTA el políglota Francisco Eximenis, de fines siglo XIV, que en su tiempo existían importantes manufacturas cerámicas en Cuarte, Manises y Càrcer.
Ante afirmación tan rotunda de la producción cerámica medieval en Càrcer, actividad desconocida para mí, estimé indispensable una visita a esta villa cuando, hace treinta años, preparaba la publicación del tomo primero de la obra Cerámica del Levante Español; Allí recogí la tradición de la ancestral manufactura cerámica, la localización de los solares en donde estuvieron la balsa de sedimentación de las arcillas y el horno paca la cochura de las vasijas y los platos; también leí la denominación de Calle del Testar», a la que desembocaba en los referidos solares.
Obtuve un planito a mano alzada que se reproduce en la figura 1 y la referencia de que, si por casualidad aparecía algún tiesto al excavar el subsuelo de aquel paraje, no se le daba ninguna importancia y lo tiraban al cauce del inmediato río Sellent.
Como en las obras modernas de historia: Valencia, por Teodoro Llorente, y Geografía del Reino de Valencia, por Carlos Sarthou, se prescinde de toda referencia a la fabricación de cerámica en Càrcer, no pude ampliar tan escueta e interesante referencia del historiador Eximenis; por lo tanto sólo aporté al libro de la Cerámica del Levante español el planito y las escasas referencias arriba indicadas.
Pasan los años, y en la primavera de 1964 recibo una carta muy atenta de don José Garcés Lloret, alcalde de Càrcer, en la que me comunicaba que se estaba construyendo el alcantarillado del pueblo y que, al practicar la excavación oportuna en determinada calle, habían aparecido unos tiestos.
A los pocos días me trasladé a Càrcer, visitando el lugar donde se encontraron los tiestos y la situación del horno, ya destruido en sus restos por la construcción del alcantarillado, precisamente donde hace treinta años levanté el plano, ahora transformado en urbanos edificios.
Luego, don José Garcés me llevó a la alcaldía, entregándome algunos tiestos, comprobando por el examen de sus formas y decoraciones que bien podían pertenecer a la segunda mitad del siglo xv, lo que demostraba que la fabricación cerámica en Càrcer debió de subsistir a la cita de Eximenis.
Seguramente el alfarero medieval desconocido tuvo un gran disgusto al ver malograda la cochura de una hornada y, por lo tanto, perdida toda la serie de actividades desarrolladas a lo largo de los trabajos que anteceden a la cochura final de unas cerámicas: primero, la obtención a torno de una crecida porción de vasijas y platos; después, su cocción en primera cochura: de bizcochado; socarrat en Manises y escaldas en Onda; después, decorar las entretenidamente con óxido de azul cobalto, barnizarlas con una mezcla de plomo y estaño, para últimamente ir colocando las vasijas en series verticales y entre ellas los trébedes o ferrets para que no se toquen; los trébedes apoyan las tres puntas sobre el interior barnizado de la vasija de abajo y el cuerpo en la parte inferior no barnizada de la vasija de arriba.
Todas las series iban encerradas en cajas de barro cocido, muy herméticamente tapadas las junturas, para que no penetrase la llama o el humo de la segunda y última cochura a la que se les sometía, porque de lo contrario se ennegrecería el barniz, quedando ahumadas las piezas y malogrado todo el trabajo, colocando las cajas unas sobre otras, en series tan altas como lo permitía el interior del horno.
A una de estas cochuras malograda, seguramente pertenecen los tiestos aparecidos recientemente en Càrcer; al descuido por mal acoplamiento de las vasijas dentro de las cajas de barro cocido, y al sufrir un movimiento, por la temperatura muy alta del fuego, se juntaron unas a otras Las vasijas distribuidas en el interior de las cajas y también se juntó el barniz que las recubría, por lo que, al enfriarse el horno, las vasijas quedaron fuertemente pega1 Trébedes. Piezas de barro
cocido formadas por tres barras pequeñas equidistantes, o ni da e por una de sus extremidades y Con la otra en aguijón y ángulo recto; los tres en la misma dirección.
das entre sí y con los trébedes que las separaban, rompiéndose las vasijas al intentar separarlas.
Igualmente pudo ocurrir el percance al perder el equilibrio una de las filas de cajas, por cualquier efecto de la temperatura alta del horno, y caer sobre la inmediata, transmitiendo el desequilibrio a todas las cerámicas de los interiores de las cajas, ocasionando la catástrofe.
Quizá el percance fue de gran magnitud, porque partió el movimiento de la vetustez de las paredes del horno; ello suponía una ulterior y costosa reparación, a la que tal vez renunció el alfarero, inclinándose a cesar en la explotación del horno y quizá de la industria, por lo que los tiestos quedaron in situ y no fueron llevados al cauce del Sellent. Esta desgracia nos ha servido para que, al cabo de más de quinientos años, nos enteremos de la calidad de la arcilla local que utilizaban los moriscos alfareros de Càrcer, como también de los barnices y las decoraciones de algunos de los perfiles de las vasijas que fabricaban.
Las figuras 2, 3 y 4 ofrecen las fotografías obtenidas de algunos de los fragmentos de vasijas pegados unos a otros, tal como debieron de quedar después del intento de aprovechar las menos perjudicadas por la malograda hornada, y las figuras sucesivas nos mostrarán cada tiesto acompañado de un dibujo; restauración total de la decoración que ofrece el fragmento, acompañada del perfil que le corresponde.
Del examen de los tiestos sólo se han obtenido tres tipos de perfiles: platos hondos o acacerolados de diferentes tamaños, unos con baranda muy prolongada horizontalmente (figs. 14, 17 y 20); escudillas con pequeña baranda afilada y caída (figs. 12, 21 y 22) o sin ella (fig. 8a y 8b), y un tazón de 22 cm. de longitud máxima con escasa baranda horizontal.
Como todos los restos cerámicos hallados pertenecen a vasijas de superficies redondas, las decoraciones que en ellas se trazaron ofrecen como ritmo principal la circunferencia, en número no superior a cinco o seis en cada una, y su finalidad era deslindar los adornos que se pintaban en la orilla o borde de la vasija y los que habían de decorar el fondo plano del tazón o la vasija.
Las orlas o cenefas suelen ir encerradas por una doble circunferencia exterior; la de más afuera, más robusta, coincidiendo con el borde de la vasija.
El dibujo interior de estas orlas es siempre, en los tazones y en los platos pequeños, dos muy robustas pinceladas, coincidentes en ángulo muy agudo, la llamada (<cola de milano).
Los adornos de las cenefas en los platos de gran tamaño, fragmentos copiados en la figura 4 y en sus restauraciones o dibujos en las figuras 21 y 22, ofrecen las siguientes combinaciones de siluetas:
Figura 21: varios trazos robustos, macizos de color, que recuerdan el signo caligráfico de la interrogación, alternando los inclinados hacia la derecha con los inclinados hacia la izquierda; los huecos que quedan entre ellos se llenaron de puntos, igualmente robustos; por último, un trazo fino y continuado recorre toda la cenefa con ondulaciones apropiadas entre las intersecciones. Puntos pequeños y traritos de diferentes tamaños completan la ingeniosa decoración de esta cenefa.
El tema fundamental de carácter decorativo, adoptado para enriquecer los adornos del fragmento fotografiado en la figura 4 y restauración en el dibujo y perfil de la figura 22, es una hoja de gran tamaño, de nervio curvo, vista de perfil, accidentado por sus salientes y recovecos, con el extremo retorcido hacia adentro y terminado en círculo, todo macizo de color. La distribución por la cenefa, en número de ocho, se hizo siguiendo todos idéntica dirección.
En el hueco interior de cada hoja se pintó un a modo de monticulito, también macizo de color, como los puntos de gran tamaño pintados en el exterior de cada hoja; completan los adornos agrupaciones de tres puntos pequeños y trazos finos, curvos, en grupos de tres, cuatro y cinco.
Decoración DE LOS FONDOS
Las decoraciones de los fondos de las pequeñas vasijas son exclusivamente de tipo vegetal, con la excepción de la cifra de Jesús pintada en algunos tazones, tiestos de las figuras 5, 6 y 7, y restauración y perfil de la figura 8.
Integran aquellas decoraciones, de carácter vegetal, capullos, florecillas y hojas, unas bien caracterizadas y otras estilizadas o simplificadas hasta perder su carácter, convirtiéndose en un adorno singular.
Las pequeñas vasijas de las figuras 9 y 11 (tiestos) y 10a y b y 12 (restauraciones y perfiles) presentan en el fondo, y encerrada por doble circunferencia: la primera (figs. 9 y 10a y b), una flor de tres pétalos, de frente, iguales y en contorno elíptico, que alojan un trazo central recto. La flor sale de un grupo de hojas pequeñas y macizas, de diferente contorno, muy alargada la de la derecha y retorcida hacia adentro. Repartidos por el fondo hay puntos robustos de diferentes tamaños.
Como se acaba de indicar, esta agrupación decorativa aparece encerrada por dos circunferencias concéntricas de trazo fino, equidistantes de otras dos trazadas en mitad del anillo blanco que las separa de otras dos que encierran interiormente la cenefa. Coincidiendo con el borde de la vasija, ofrece una sola circunferencia de trazo muy grueso.
La otra vasija, de 17 cm. de diámetro, fragmento copiado en la figura 11 y restauración y perfil en la figura 12, presenta en el fondo una florecilla de cuatro pétalos, maciza de color, con su pedúnculo largo, y debajo, dos hojas de perfil diferente; la de la derecha, con la punta retorcida hacia dentro, maciza de color, y la de la izquierda,
alargada, también maciza de color. En el fondo se distribuyeron pétalos macizos y puntos; unos trazos curvos, finos, colocados a los lados de la flor, recuerdan los arcos polilobulados del estilo gótico.
Esta vasija no presenta la doble circunferencia que en la vasija de las figuras anteriores divide por la mitad el anillo blanco comprendido entre el fondo y la cenefa.
En la vasija, de 16 cm. de diámetro, cuyo tiesto copia la figura 13 y la restauración y perfil la 14, el pintor, o probablemente la pintora, que a fuerza de copiar por el procedimiento del estarcido, para que la reproducción sal g a exacta, el original que trazó en el papel un artista especializado, llega un momento en que desecha aquel estarcido y traza los adornos de memoria y ejecución libre, hasta que, como ocurre en el de la vasija a la que nos referimos, prevalece aquella libertad de pincel, y usando de la propia fantasía, los elementos ornamentales se distribuyen sin ritmo ni armonía entre ellos; una flor con el pétalo central como los tres de la flor del plato copiado en las figuras 9 y 10, pero más apuntado, y los dos laterales en perfil fantástico que recuerda algunas hojas de perfil.
A la derecha se pintó una hoja de perfil de gran tamaño comparada con los pétalos de la flor, maciza de color. El fondo se llenó con discos de diferentes tamaños y un trazo robusto retorcido hacia dentro a manera de báculo.
Como la vasija de las dos figuras anteriores, el conjunto decorativo aparece encerrado por doble circunferencia y la orla o cenefa sólo presenta interiormente una circunferencia.
Las vasijas de 38 cm. de diámetro, tiestos copiados en las figuras 15 y 16, y la restauración y perfil en la figura 17, nos ofrecen, en el fondo, un conjunto ornamental en el que se descubre un buen sentido distributivo de los adornos en quien trazó el modelo; estilizando una hoja de nervio curvo, de perfil, con protuberancias en el contorno, retorcida hacia adentro la inferior, como igualmente el final de la hoja, muy largo y terminado en un disco, todo macizo de color.
Preocupado del concepto de simetría, colocó una de estas hojas a cada lado del eje ideal que divide el piso de la vasija en dos mitades de arriba a abajo.
Estas grandes hojas estilizadas se unieron por el final curvo con un trazo horizontal, colocando arriba y abajo de este trazo una bolita de frente y cuatro discos en sus flancos, de mayor tamaño los de la parte superior.
Tanto las dos circunferencias que cierran este conjunto decorativo como la interior
y las dos exteriores de la cenefa, son de trazo muy grueso y encierran sencillos discos irregulares.
El tema ornamental que se pintó en el fondo de los tazones con orejas, cuyos fragmentos se copian en las figuras 18 y 19 y la restauración y perfil en la figura 20, una gran hoja de frente, es el único que ofrece reminiscencias lejanas de la piña de origen persa que, bajo muy diferentes estilizaciones, a pacer e como tema fundamental en los adornos desarrollados en las cerámicas y en los azulejos procedentes de los alfares de Paterna y de Manises, fabricados en los siglos XIV y XV.
Esta hoja, de frente, presenta un hueco para alojar un adorno en contorno de almendra; el tallo o pedúnculo, completamente recto, está adornado con tres pequeños discos.
Flanquean el tallo dos adornos fantásticos, de los que sale en la parte superior, a la derecha e izquierda, un trazo robusto que se retuerce hacia abajo y adentro.
Completan la decoración t una bolita de perfil de tres pétalos, colocada en la parte superior de la derecha, varios puntos de distintos tamaños y una vírgula.
Siguiendo el ritmo adoptado en los adornos de las vasijas copiadas en las figuras
anteriores, este conjunto está encernado por dos circunferencias que a la vez sirven de limite interior de la orla o cenefa de adornos en forma de «cola de milano», encerrada exteriormente por otras dos circunferencias, más robusta la que coincide con el borde de la vasija.
Los adornos de los cogedores u orejas son muy sencillos: unos triángulos equiláteros macizos de color.
Los grandes platos acacerolados, de 40 cm. de diámetro, reproducidos sus tiestos en la figura 4 y su restauración y perfil en las figuras 21 y 22, exigieron mayor atención, tanto al elegir los temas para los adornos como en su distribución pon la vasija, si bien lo que pudiéramos llamar el esqueleto o esquema distributivo es el mismo, según puede apreciarse en las dos reconstituciones que hemos conseguido, a la vista de los tiestos encontrados: una cenefa u orla por la orilla y un fondo circular, como en todas las piezas descritas, pero en estos platos el fondo circular aparece dividido en tres zonas: una central, acotada pon dos rectas paralelas a cada lado, y una zona semicircular a cada lado.
La distribución de los adornos por las cenefas ya quedó descrita al principio dc este artículo, dedicando ahora unos párrafos a la reseña distributiva de los fondos.
Tiesto copiado en la figura 4 y su restauración y perfil en la figura 21. En la zona recta o central se pintaron temas curvos o interrogantes caligráficos, similares a los de la orla, aquí más estilizados decorativamente, que, al estar unidos al trazo fino que en la cenefa pasa pon entre ellos, da la sensación de una rama con hojas distribuidas a derecha e izquierda; pon el fondo se distribuyeron pequeños puntos y vírgulas.
En los sectores exteriores, de perfil semicircular, fueron pintadas en cada uno dos grandes hojas apuntadas y simétricas, que ofrecen una zona central en blanco, con cuadrícula de trazos cruzados; sus tallos, muy finos y curvos, vienen a concurrir sobre una hojita de tres curvas; los tallos están cruzados por tres trazos robustos, más
largo el superior, sobre el que se apoya una hoja similar a la de tres curvas, pero de mayores proporciones. El fondo se llenó de pequeños puntos y vírgulas.
En los cuatro puntos cardinales de la circunferencia exterior de las dos de trazo fino, que ciernan las decoraciones del fondo del plato, se pintaron once trazos, mas finos y paralelos, en conjunto piramidal.
Los adornos del otro plato, de idéntico diámetro y perfil, copiado en las figuras 4 y 22, se ofrecen en idéntica distribución; en la faja central del fondo se pintaron, asimétricamente, dos hojas iguales a las que en número de ocho se distribuyeron por la cenefa, completando la ornamentarión temas diminutos, grupos de tres puntos pequeños, puntos grandes sueltos, trazos curvos paralelos, de los que se destacan unos temas de tipo indeterminado, a manera de hojas polilobuladas, das de ellas macizas de color, en la parte alta, y dos blancas ribeteadas de azul, en la parte baja.
La distribución ornamental de los adornos repartidos en las zonas laterales o semicirculares nos descubren a un pintor de un buen sentido artístico para la armónica colocación de cada uno; pintó en el centro de la línea exterior de las dos que a cada lado cierran la zona central una hoja pnlilobulada sin pedúnculo y maciza de color; sobre ella, enhiesta o vertical, se pintó otra hoja con cl vértice muy alargado, seguramente derivada de la que tan pródigamente se pintaba en las cerámicas azules salidas de los alfares de Paterna y Manises de los mismos años.
De la parte alta de la de la hoja sin pedúnculo salen simétricamente, a derecha e izquierda, una hoja de idéntica perfil a la enhiesta, tres ribeteadas de calar y una maciza.
Por última, entre las vasijas aparecidas hay un cuenco de 42 cm: de diámetro, con escasa baranda horizontal, casi entera, que tiene fuertemente pegada el trébede, y que ofrece gran sencillez en sus decoraciones: en el fonda, un disco de 4 cm. de diámetro, macizo de color, y diez circunferencias e o u céntricas distribuidas a su alrededor hasta llegar al barde de la vasija.
La explotación cerámica del alfar originario de las tiestos base dc los anteriores comentarios, con el cultivo del arroz y de la seda, constituirían la riqueza fundamental de Cárcer, según escribe el historiador Escolano; explotaciones ejercidas mayormente por la población morisca, añadiendo el historiador aludido que vivían en casas limpias, aireadas, con bellos emparrados que daban apacible sombra a sus fronteras, debiendo de sufrir tan rudo golpe con su expulsión, en 1609, que se perdieron por completo aquellas actividades, ya que la expulsión «despohló la villa de Càrcer de tres cuartas partes de su población».
Como colofón a estos apuntes, deben consignarse unas palabras que reflejen la más sentida e intensa gratitud de todos al culto patriota don José Garcés Lloret, alcalde de Càrcer, quien ante la aparición inesperada de unas tiestos desecho dc cochura, que ofrecían curiosas pinturas, estimó que no debían volver al subsuelo de donde habían salido, tratados can indiferencia, y que, por el contraria, debían ser sometidos al examen y estudio de quien pudiera apreciar el interés, de cualquier clase, que pudieran tener, y los puso al alcance de mi personal competencia.
En los comentarios que llevamos expuestas, y a la vista de los gráficos que hemos trazado y los acompañan, nos guió el propósito de ofrecer una visión de cómo pudieron ser las cerámicas que llamaron la atención en el siglo XíV, del fuerte temperamento de atento observador y fiel historiador de Francisco Eximenis.
Los tiestos quedan depositados en el Museo Nacional de Cerámica para testimonio constante de la explotación cerámica medieval de la villa de Cárcer.
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