Inundaciónde 1864(1)(Segunda Parte) Por DEMETRIOCUEVES SUÑER
Seis meses y diecinueve días después de la riada del 4 de noviembre, concretamente el 23 de mayo de 1865, cuando ya por nuestras azudes y acequias, provisionalmente reparadas, discurría el máximo caudal que su capacidad les permitía para el cultivo en crecimiento del arroz, entonces generalizado en la zona baja de regadío del valle, y al Sellent no se le sangraba tanto como ahora en su curso alto y medio, una comisión formada por ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, presidida por’ el inspector del cuerpo don Miguel Bosch y Juliá, determinó en el cauce del río el caudal sobrante que en tal fecha discurría por el mismo y el perfil transversal de la sección que las aguas alcanzaron el día de la inundación en un punto situado a 150 m. aguas arriba del acueducto de la acequia Escalona, que lo cruza, en cuyo perfil se puede apreciar:
En la horizontal AA del rayado más fino, el ancho de 13 m. que tenía el lecho que cubrían las limpias aguas del río, y desde ésta, en vertical hacia abajo, la profundidad de 60 cm., que en lo más hondo de su álveo alcanzaban en el momento de la toma del perfil, aforadas en 1.324 l. p. s., equivalentes a unas cincuenta y tres filas de 1.500 l. p. m. cada una.
En BB, el ancho de 208 m. y, en perpendicular hacia abajo, la altura de 9’53 m. que fue la que sobre el nivel normal en invierno y sitio que corresponde al perfil, alcanzaron las cenagosas aguas el día de la riada.
La letra C y especie de escalera inmediata indica el foso que constituye la acequia de los pueblos denominada de las "rejas". Como la rasante de los muros de Escalona en la arcada solamente alcanza sobre su solera la altura de 7’5O m., y en el corto tramo que media entre la misma y el sitio donde fue tomado el perfil el cauce y laderas presentan escaso desnivel y similares características, si bien menor capacidad para el desagüe en el acueducto por el obstáculo que éste constituye para la corriente; es evidente que las aguas del Sellent, en la gran avenida de referencia, sobrepasaron en más de dos metros la altura que corona los muros de la arcada de Escalona, discurriendo por encima de éstos, en ancha cortina de más dc 200 m. e impresionante torbellino. más caudal que el que a presión y en fantástica visión pasaba por debajo de los seis arcos de 5’60 m. de ancho y otro tanto de alto que constituyen el acueducto, de los que fueron rotos los tres del lado derecho(2).
En las fotos obtenidas en diciembre de 1953, y mejor directamente sobre la propia construcción, se puede igualmente observar:
En el contraluz que corresponde al lado norte del acueducto, la pequeña cascada que las aguas invernales del río forman al caer desde la solera al cauce pedregoso, completamente seco en verano. Proporciones de la obra y parte de las separaciones que a raíz de la gran riada y en otras ocasiones se realizaron en los paredones machones y contrafuertes.
En la otra, que corresponde al lado sur, entre otros muchos detalles, se aprecia la transparencia de las aguas del río al reflejarse sobre ellas, en forma de óvalos, los arcos de la arcada.
A su vez, por la pátina del tiempo que la obra presenta en los paramentos de los machones, bóvedas, dovelas y tajamares, con o sin cantería, suprimida en las reparaciones, diversos materiales que en cada época se emplearon para la construcción, filtraciones que se producen y yerbajos que crecen en la parte mas antigua, etc., se puede asimismo apreciar la diferencia de edad que existe entre los dos arcos viejos de la izquierda que, por su situación, resistieron la gran avenida, construidos al abrirse la acequia en 1604; la del tercero del mismo lado, que fue bastante averiado, y los otros tres restantes de la derecha, que fueron rotos por la riada y reconstruidos doscientos sesenta años después de haberse iniciado la primitiva obra, y aun entre éstos, la del primero, destruido por segunda vez por otra posterior avenida.
Según mis apreciaciones, derivadas del perfil de referencia, formulación por cálculo del correspondiente prisma, aspecto que el cauce del río ofrece y con ello la velocidad aproximada que llevarían las aguas, resulta que en el momento más culminante de la riada llegaron a pasar por el río unos 1.400 metros cúbicos de agua por segundo, que representan más de cuarenta veces la capacidad para los 34.500 1. p. s. que en el término de Antella tiene la Acequia Real del Júcar (3).
Durante las treinta y tres horas que duraron las lluvias, con diferente intensidad e intermitencias, reflejadas en las tres veces que inundaron el pueblo, cada una de ellas con mayor aumento y violencia, se estima debieron de precipitarse sobre la cuenca del Sellent más de 500 litros por metro cuadrado, y que solamente en los días 4 y 5 de noviembre de aquel año de 1864 discurrieron por el río unos 90 millones de metros cúbicos de agua, que debidamente embalsados y bien administrados, a razón de ocho riegos anuales, habrían sido suficientes para regar durante diez años, con aguas deslizadas por gravedad, las 9.198 y media hanegadas dc tierras del valle que actualmente están asociadas al Sector de Tierras Altas de la Comunidad de Regantes, pertenecientes a los términos municipales de Cotes, Sellent, Cárcer, Alcántara de Júcar, Benegida y enclavado de Játiva.
Fue verdaderamente asombroso que unas lluvias de origen tormentoso persistieran durante tantas horas y que después de haber saturado secanos tierras vertieran en repetidas trombas tan enorme masa de agua sobre los cauces de una pequeña cuenca como lo es la del Sellent, que apenas si comprende 228 kilómetros cuadrados.
Sus desastrosos efectos fueron debidos al escaso arbolado que en la cuenca del río existía en su curso alto y medio; fuerte inclinación de las vertientes y circunstancia de que buena parte de éstas, en Sellent, Estubeny, norte de la sierra de Enguera y llamada canal de Navarrés, están formadas por tierras blanquizales y margas marinas policromadas del período triásico, que en muchas ocasiones se parecen a las franjas del arco iris, poco porosas, conocidas en la comarca con el vulgar nombre de tierra pelaire, que aproximadamente absorben la mitad de las aguas que las formaciones más sueltas del cuaternario, y sobre todo a la falta del correspondiente embalse para controlar las avenidas, posiblemente fácil de construir por debajo de las dos ramas del río, entre los Cantalares y el Tosal Negre, donde las aguas, por erosión producida durante millones de años, cortaron la unión del Montot con el Realeng.
A la altura de Cárcer era indeterminado el ancho y extensión que cubrían las aguas del Sellent, que contenidas en remonte por las del Júcar, que llegaban hasta la acequia de Benegida, y confundidas ambas con las del Albaida, constituían las de los tres ríos un profundo golfo de unos 75 kilómetros de largo, que es lo que aproximadamente tiene el curso del Júcar desde Cullera a Sumacárcel, en ocasiones con anchos superiores a 9 kilómetros, que es lo que en línea recta existe entre Manuel y Alberique.
En el recodo formado por el morro de la batería de la sierra de Gabarda, gasolinera de Alberique y Troneta de este pueblo, y empujados por la corriente del Albaida hacia el gran remanso que en el mismo se formó, quedaron varados 14.000 troncos de pino de los 46.000 que componían la maderada que, bajando por el Júcar desde la sierra de Cuenca, fue sorprendida por la riada cuando cruzaba la Muela de Cortes. Las 32.000 piezas restantes quedaron esparcidas por las riberas del río y playas marítimas de Cullera y Fa-vareta, cuyos troncos, a su paso, produjeron grandes destrozos en las azudes y ciudad de Alcira.
A ochenta y cuatro se elevaron los pueblos y términos municipales de esta provincia que sufrieron los catastróficos efectos de las lluvias e inundaciones.
En cuanto respecta a Cárcer, se inundaron los tres hornos de pan cocer que entonces existían en el pueblo, sin que hubiera ninguna panadería expendedora, por lo que las amas de casa tuvieron que recurrir durante varios días a los del vecino pueblo de Alcántara para cocer las "flecas" de sus amasados.
Quedaron arrasadas las presas de sus acequias, y éstas, en gran parte, destruidas o cegados sus cauces, y por ello e inundación padecida, paralizados los dos molinos —arrocero de Cotes y harinero de la Caseta de Cárcer—. Veinte casas inhabitables y otras muchas resentidas entre las ciento veinticinco, incluido el palacio señorial que entonces tenía el pueblo, sin contar las dos que solamente tenía lo que actualmente es calle de Calvo Sotelo y las doce del ala izquierda de la plaza de los Mártires y números impares de la calle de José Antonio, que a la sazón pertenecían al municipio de Alcántara.
Se perdieron ornamentos y objetos religiosos para la celebración del culto, mucho ¡nobiliario, aperos de labranza, ganado de labor, lanar, cabrío, bovino, de cerda y aves de corral. Cosechas recolectadas y cultivos existentes en el campo, sin que, afortunadamente, hubiera que lamentar en nuestro pueblo ninguna víctima humana, entre las varias que la inundación ocasionó en Enguera, Anna, Quesa, donde en la cueva del baladre, inmediata al río Escalón, fueron sorprendidos por las aguas, pereciendo ahogados, los leñadores carboneros José Esplugues, sus dos hijos, de veintiuno y trece años, y el yerno, de veintiocho; Alcira, en la que fueron doce las personas que murieron ahogadas o aplastadas bajo los escombros de las casas que se derrumbaron por efecto de la corriente y de los troncos que contra las mismas chocaban, e etcétera.
En nuestro término municipal resultaron destruidas 396 hanegadas de tierras de regadío, cuya mayor parte lo fueron por haber desviado 400 m. su cauce el Sellent en la desembocadura con el Júcar. Otras 1.200 sufrieron importantes deterioros, presentando desolador aspecto la zona regable, particularmente las tierras más bajas inmediatas a los cauces de los dos ríos, que se cubrieron con una capa de gravas y arenas, en muchos casos superior a 50 cm. de espesor.
Los daños valorados en el informe que al Ministerio de Fomento rindió la mencionada comisión de ingenieros que inspeccionó la zona inundada fueron:
| En propiedades particulares | 904.485 reales de vellón |
| En acequias y obras accesorias | 90.500 reales de vellón |
| En caminos del Ayuntamiento | 16.000 reales de vellón |
| En edificios municipales | 4.000 reales de vellón |
| En la iglesia (4) | 39.608 reales de vellón |
| Total | 1.054.593 reales de vellón |
Esta cifra total de 1.054.593 reales de vellón, equivalentes a 263.648’25 pesetas, que hoy nos parecería de escasa importancia, resultaba entonces una cantidad verdaderamente impresionante para un pequeño pueblo, exclusivamente agrícola, de 686 habitantes, generalmente pobres, dado que más del 80 por 100 de las tierras de su término municipal pertenecían a forasteros.
Los daños ocasionados por la riada representaban nada menos que el 42’52 por 100 del valor en venta de todas las tierras del término, que a la sazón, y según testimonios obrantes en las escrituras notariales de compraventa, se cotizaban al precio de 175 pesetas la hanegada de regadío de buena calidad, y entre 40 y 45 pesetas, las de secano plantadas de viñedo, olivos o algarrobos en producción.
Como botón de muestra comparativo con el valor que entonces tenía la moneda y ejemplo de lo que se hubiera podido adquirir con las mencionadas 263.648’25 pesetas, he aquí algunos de los precios, sin duda bastante superiores a los que regían en 1864, que yo, en mi adolescencia, llegué a conocer treinta años después de la catástrofe.
Como no se tiene noticia de que el Estado concediera ninguna subvención a favor de los damnificados, resulta que las mencionadas pérdidas fueron, económicamente, la peor de las muchas calamidades que el pueblo padeció.
Del trágico hecho de la riada y circunstancias de que ésa se produjo en viernes de año bisiesto, en el que hubo buena cosecha de brevas, que no se cotizaban a ningún precio, nació en el valle el popular, alusivo y supersticioso refrán que dice: "San Carlos, En viernes de año bisiesto y de breva, nunca lo veas".
En la plaza de los Mártires, esquina a la de los números pares de la calle de la Baronía, que es el sitio de la vía pública más concurrido de la localidad, y entonces de
suelo más elevado, a excepción de las once casas que había en las calles del Tejar y números pares de la de José Antonio, como recuerdo del triste suceso y advertencia perenne de que pudiera repetirse, existe una inscripción en azulejo, con raya indicadora, situada ésta a la altura de 2’34 m. sobre la acera, reproducida ilustrando mi anterior artículo, cuya cerámica, y a raíz de los hechos, costeó y colocó en sitio diferente, ya des-aparecido, el vecino Juan Ayuso, más conocido entonces por Joan el Ferrer, en la que se lee: DÍA 4 DE NOVIEMBRE DE 1864 LLEGARON AS AGUAS DEL RÍO SELLENT HASTA ESTA RAYA.
De esta y acaso de otras anteriores inundaciones, situación topográfica que ocupan los cuatro pueblos, consecuencias que se derivaron y característico zumbido que las aguas del río producen cuando viene crecido, debió de nacer la popular copla que, frecuentemente lanzada a los aires por las fuertes gargantas de los campesinos, resuena en todo el valle, la que transcrita en un excelente trabajo de nuestro estimado actual cronista oficial de Cárcer, don Eduardo Soler i Estruch, y también, hace muchos años, en otro de la desaparecida publicación literaria Sicánia, de la subsistente editorial valenciana del mismo nombre, dice:
"En Beneixida entra el ríu;
en Alcántara no pot:
en Cárcer se’n du les cases
i en Cotes fa el borinot".
Notas:
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